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Las lecciones de Cristina Rota

De Penélope Cruz a cualquier actor en busca de su sitio, incluyendo a sus propios hijos. A todos ha dado clases Cristina Rota en su escuela de interpretación. "Siempre he pensado que el que quiere ser actor quiere serlo porque necesita rebelarse". Asienten a su lado Juan Diego Botto, María Botto y Nur Levi, que escuchan arrobados a la maestra, que también es su madre. Juntos han levantado 'Hablar', la película con la que se ha inaugurado el Festival de Málaga. Están muy contentos con la respuesta del público.

Es la primera vez que los cuatro trabajan juntos en una película. Rodada en un plano único y en continuidad, en 'Hablar' los protagonistas dan cuenta de sus deseos, sus frustraciones, sus amplias victorias y sus pequeñas derrotas. Ellos mismos llamaron a los otros actores para conformar un reparto colosal. Conforme iban implicando a gente en el proyecto, los citaban para compartir ideas. "Nos íbamos reuniendo en grupos con el director, improvisábamos...Casi todos los actores propusieron lo que querían hacer ", apunta Cristina, la impulsora. "Las historias que contamos en esta película parten de nosotros", confirma Juan Diego "Todos somos de alguna manera guionistas de esta historia".

Veinte personajes con la crisis de fondo que viven todo tipo de situaciones en historias independientes, pero con más en común de lo que parece. "La película nace de la necesidad de expresar una realidad devastadoramente fea que hay que revertir", explica María. 'Hablar' muestra esa realidad, ese estupor, pero es también una reflexión sobre el poder de la palabra y, de alguna manera, un homenaje a su oficio. "Creo que hay muchos actores que si no fuéramos actores no podríamos sobrevivir en un mundo tan cruel. La necesidad de vivir la vida a través de otras personas hace que podamos seguir viviendo nosotros". Tan claro, tan duro.

"Ésta película es el ideal de lo que para mí es el oficio del actor. Es un trabajo en equipo, realmente grupal. Todo el mundo es consciente de qué necesita del otro para que salga adelante", señala Nur."Desde el principio cada uno estaba involucrado en lo que quería contar, pero sin olvidar al grupo. No hay nadie que haya pensado sólo en su parte. El equipo artístico y técnico debe ser uno. Aquí así ha sido. Todos éramos necesarios, todos estabámos ahí para contar algo juntos".

Desde que comenzaron hasta que se concretó el proyecto y encontraron financiación pasó mucho tiempo, pero la recta final fue muy acelerada. Salvo los recién diplomados en la escuela que aparecen en la película, nadie tuvo más de tres días de ensayos. Sólo hubo un ensayo general en el que participaron todos, incluyendo a antiguos alumnos como Antonio de la Torre, Marta Etura, Raúl Arévalo, Secun de la Rosa o Melani Olivares. Y, pese a rodar en la calle a contrarreloj, todo salió como tenía que salir.

"Ésta película evidencia de que la unión hace la fuerza. Es un dicho muy manido, pero en grupo se consiguen las cosas, con organización y con roles compartidos", remarca Cristina Rota. "Todo el cine que se está haciendo es gracias al entusiasmo de la gente, a que algunos no cobren, otros cobren sólo si la película va bien...". La crisis no le amilana. "Con esta película nos lanzamos y me seguiré lanzando. Con dinero o sin dinero hay que lanzarse a hacer y encontrar a otros que tengan la misma desesperación por seguir haciendo cosas, por seguir expresándose".

El cine no es para ellos un negocio. Ni el teatro. Pero siguen batallando en la Sala Mirador, que comparte patio con la propia escuela, cuyo programador es Juan Diego Botto. "Una sala de teatro no es rentable con el IVA al 21% y las condiciones actuales. Pese a que hemos tenido un repunte de público notable, muchas veces la escuela tiene que soportar al teatro. Nosotros hacemos las cosas como entendemos que se tienen que hacer: todo el mundo está dado de alta, todo el mundo cotiza su Seguridad Social. Hacer las cosas bien con una sala de pequeño formato y con las condiciones actuales es muy difícil", comparte el actor y director en una azotea malagueña.

Él también recibió tomatazos en el espectáculo por el que pasan la mayoría de alumnos: 'La katarsis del tomatazo'. Ahora lo dirige María Botto. "Lo que me gusta especialmente es recuperar la inocencia, enfrentarme de nuevo a cosas como si fuese la primera vez, volver a asombrarme. Escucho mucho. No creo que porque lleve 15 años en esto sepa algo. Cada inicio de personaje y cada proyecto son nuevos. Uno tiene que ir limpio como si fuese la primera vez". Otra de las lecciones de Cristina Rota.

Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, más de 2.000 alumnos han pasado por su escuela de interpretación desde que comenzó a dar clases en 1979. "Cuando estoy desorientado, cuando tengo dudas, cuando necesito saber cómo encarar un personaje, siempre le pregunto a ella", admite Juan Diego Botto. "Hacer muchas películas puede ayudarte a ser buen actor siempre que estés bien orientado, pero también puede ser una fuente de vicios enorme".

La relación entre los cuatro pasa mucho por Nur, coinciden los otros tres. Ella está pendiente de todas las producciones y lo mismo ayuda a sentarse a los espectadores de la Sala Mirador que a hacer cualquier gestión. "Es el núcleo, absolutamente", señala su madre. Fuera de allí, tratan de no hablar siempre de su oficio, pero acaban haciéndolo. "Tenemos una lucha permanente por no estar siempre dándole vueltas a esto, pero es inevitable".

Es su motor, como lo es tratar de cambiar las cosas que no son como deberían ser. En 'Hablar' se evidencia la incertidumbre, el fraude, la desesperación. La película mezcla drama y comedia, teatro y cine. "El actor a la medida que crece canaliza su rebeldía y va encontrando en ello su forma de vida. Un verdadero actor tiene en cuenta siempre al otro, se pone en la piel del otro. Sin la empatía no concibo el oficio de actor", zanja oportunamente Cristina Rota.

Fuente: Custodio Pastor - El Mundo


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