La Escuela

#PORQUE SOMOS ACTORES

Varias generaciones de jóvenes estudiantes son la sabia del árbol de la Escuela de Interpretación Cristina Rota, y la resultante de actores y actrices, el fruto del esfuerzo común, del espacio de pensamiento alimentado por las capacidades de unos y otras, del encuentro de almas dispuestas a transitar el desafiante y hermoso camino de la interpretación. Sus voces forman parte de nuestra esencia, sus recuerdos son nuestro orgullo y los vínculos que perduran la reafirmación de un camino iniciado hace ya más de 3 décadas. Y que mejor que escucharles, reflexionar sobre su paso por las aulas: HABLAMOS DE LA ESCUELA

Unas palabras sobre nosotros

"Llegué a las manos y al abrazo de Cristina a los 21 años, en el año 1991 y creo que es lo mejor que he podido hacer en mi vida, en mi vida", expresa con emotividad el recientemente galardonado con el premio Goya a la mejor interpretación masculina por la película "Que Dios nos perdone", Roberto Álamo, egresado en 1995.

Marta Hazas -egresada en 2003- y Natalia Mateo -promoción 1999- coinciden en su visión del aprendizaje y el transcurrir en la aulas de nuestra Escuela. "Aprendes a potenciar cuáles son tus partes que te diferencian como persona y como actor, ¿por qué es interesante lo que tú haces", afirma Marta y Natalia enfatiza que "Cristina respeta la intuición y lo genuino que tiene cada actor. Yo siento que salí de aquí siendo genuina y teniendo una manera de expresarme que era verdadera" destaca Natalia.

A Secun de la Rosa -también egresado en 1995- le ha quedado grabado el recuerdo de tener que "trabajar de verdad" y rememora "cuando acababa una escena y Cristina te preguntaba ¿cómo te sientes?, ¿qué te pasa? para enterarte de qué emoción tienes en ese momento, con qué te encontrabas".

Nathalie Poza, por su parte, se reafirma en una parte importante de la interpretación, el descubrir "que no pasa nada, que una va con lo que lleva, que sale al escenario con lo que trae: con el cansancio, con el dolor, con lo que tengas..." Y que todo eso se puede transformar en energía expresiva, enfatiza la actriz que forma parte de la promoción 1996.

Quizá por ello mismo, Marta Etura, que egresaba de nuestras aulas en el año 2000, nos manifiesta que "las cosas que una estudia aquí están relacionadas con su corazón, con su vivencia, con su cuerpo. Con algo tan tú, que eso te mantiene conectado siempre y hay una gratitud desde un lugar muy conectado a tu corazón" concluye dando expresividad a su sentir.

Goya Toledo compartía con los alumnos estas bellas palabras sobre nosotros: "Recuerdo los años que estuve en la Escuela de Cristina: me sumergí en las clases sin interés en los castings, porque mi parte creativa estaba llena. Hacía personajes nacidos de los mejores autores de teatro. Cuando terminé, me sentí vacía y perdida, todo era fruto del miedo, me preguntaba, y ahora, ¿qué hago?... Hasta que me di cuenta de que todo lo que había aprendido en esos cuatro años tenía que canalizarlo, darle forma y dejar que fluyera naturalmente con la vida, no invalidarlo porque en ese momento no tuviera trabajo. Me costó porque empezaba otra etapa nueva y tenía que andar sola, pero nunca dejé la escuela atrás: era mi referente en este mundo lleno de barreras por superar. La vida es un continuo cambio, por eso conviene transformar los miedos en ilusiones. Os deseo lo mejor. Nunca dejéis de luchar por lo que realmente os da la felicidad.Tenemos que creer mucho en nosotros mismos para que lo puedan ver los demás. Muchos besos para todos y mucha fuerza".

 

Medir el valor de nuestras palabras es una tarea ardua, sin embargo, aquí nos enseñan a expresar lo que sentimos de la forma en que deseamos, y aunque nunca fuimos de dictados, esto es una carta que os escribimos para deciros todo, como diría Nur, lo que no te digo.

Y aunque nuestra línea de pensamiento es la del agradecimiento, como hemos aprendido durante todos estos años, debemos ser honestos, y mentiríamos si dijésemos que todo fue fácil y que no sufrimos.

En realidad, sí hemos sufrido. Nos ha costado mucho entender de qué iba eso de la dinámica grupal, aunque todavía nos queda, pero por lo menos, hemos entendido que el compañero no es nuestro enemigo ni nuestro rival, sino alguien que nos puede ayudar y nos puede nutrir con su singularidad.

Hemos aprendido que no es malo tener sentimientos negativos, sino que lo malo es no hacer algo creativo con ellos, peor sería estar muerto en vida y no hacer nada, porque como tantas veces nos has dicho, Cristina, “toda indiferencia es criminal”.

Y gracias a ti, hemos aprendido incluso, a empatizar con el otro y con su dolor. Estamos en el proceso de saber quiénes somos y así aceptarnos a nosotros mismos, sabiendo todo cuanto tenemos y todo lo que nos falta, ¿y cómo se consigue eso?

Gracias a la maravillosa AUTOCRÍTICA que tantos disgustos nos ha dado; porque otra cosa que no decimos mucho, es que hemos sido un curso con grandes látigos en las manos, dispuestos a fustigarnos después de cada fracaso. Aunque más que fracasos, lo que hemos cometido han sido errores, esos errores que tantos dolores de cabeza nos han dado pero que nos han ayudado a crecer otro tanto. Porque como tú bien dices Cristina, después de los 10000 primeros errores, llegarán los grandes aciertos.

Y es que resulta que de la autocrítica, esa palabra mágica sinónimo de Harakiri y justificaciones diversas que tantas y tantas depresiones nos ha traído; solo podemos decir, que estamos en ello y que continuaremos en la lucha.

Sin embargo, si seguimos aquí es porque no todo ha sido malo, ni mucho menos.

La escuela nos ha dejado huella. Siempre nos acordaremos del patio donde tantas y tantas horas hemos pasado y compartido, este patio que tanto ha visto y que tanto calla. El patio que grita rebeldía y pasión, que esconde risas, amor y nos guarda tantos secretos. Nos gusta el patio porque sabe gritar revolución, y porque nos recuerda día tras día algo muy importante: “Cuando el parlamento es un teatro, los teatros deben ser parlamentos”.

Recordaremos el sonido de las llaves abriendo las aulas donde tantas ilusiones, esperanzas, sueños, pasiones hemos depositado. La resonancia del aula 4 que nos llevaba por el camino de la amargura no solo a nosotros, sino también al pobre Iñigo, que pese a eso, nunca abandonó su lucha por educar nuestras voces. Y las maravillosas clases de danza, de cuerpo y movimiento, pisando con nuestros pies ese linóleo negro y rozando nuestro cuerpo contra esa pared encalada que no hacía más que teñirnos la ropa de blanco.

El aula cinco, el comienzo de este universo tan maravilloso, algunas empezaron ahí casi como sus madres las trajeron al mundo, pequeñas y adolescentes. Y allí crecimos, haciendo improvisaciones donde el baño, siempre era la calle y donde “No rompas la cuarta pared” “No me mires” sonaba tantísimo.

El aula uno, ¡cuántas veces nos habremos apoyado en ese tabique de en medio! ¡Cuántas veces hemos pisado esas baldosas y ahora la moqueta! ¡Cuántos recuerdos se quedan ahí! ¡Cuánta sabiduría rebosa!

Y el teatro, el crujir de los tablones que dan al escenario, las quemaduras en la piel por el linóleo, el fogonazo de los focos que se encienden y se apagan, el vibrar de la música bajo nuestros pies, la pasión que desborda esta sala, el amor con el que fue creado este teatro, la felicidad de todos nosotros cada vez que nos hemos subido aquí y que ahora nos cuesta tanto decir adiós.

Por todo esto y más:

GRACIAS, gracias en mayúsculas, gracias de corazón, con afecto y mucho amor.

Gracias a Bea, Jonhy e Irene por aportarnos tanto en la katarsis, no solo como profesores, sino también como compañeros.

Gracias a Leire por acogernos y enseñarnos a tener pasión por las cosas, a luchar por un deseo.

Gracias Mónica por darnos a conocer la propiciación e inculcarnos la disciplina.

Gracias Isabel por hacernos reflexionar sobre la danza y sobre todo, por demostrarnos que mente y cuerpo van de la mano.

Gracias Zoe por hacernos bajar a la tierra, por enseñarnos a tener eje y a disfrutar de nuestro cuerpo sin límites.

Gracias Bea por enseñarnos a tener escucha, a no tirar la toalla, a demostrarnos lo que es fluir de verdad y estar conectado con el otro.

Gracias Iñigo por un día presentarnos a tu querida Lola y enseñarnos a querer nuestra propia voz y a utilizar el sentido común, que es el más común de los sentidos.

Gracias Emilio por enseñarnos tantos y tantos términos desconocidos al principio por muchos de nosotros, gracias por enseñarnos desde lo que era un repollo hasta lo que era una utopía, gracias por enseñarnos a jugar e imaginar.

Gracias María que nos explicó y explicó, enseñó y enseñó y creyó en todas y cada una de nuestras ideas, por muy poco criterio de realidad que tuvieran.

Y a ti, Cristina, que como diría Elvira Sastre en uno de sus poemas “hay mujeres que desordenan tus huellas cuando aparecen y te hacen desear encontrar tu camino, hay mujeres que no se esconden, que quieren sin escarcha en los ojos, que saben a sed, y esas te hacen desear recordarlas toda la vida”. A ti, Cristina, que te admiramos no solo como maestra, sino como mujer que con tres hijos se exilió para construir su propio camino y creó desde la nada, no diremos la mejor, porque nos has enseñado también a ser humildes, una de las mejores escuelas de interpretación de España. A ti, que nos has enseñado a tener una ideología, a preguntarnos cada día el porqué de las cosas, a preguntarnos quiénes somos y a escuchar al otro.

No solo nos sobran las palabras, sino que nos sobran los motivos para admirarte y agradecerte.

Esperemos que no sea un adiós, sino un hasta luego o al menos engañarnos, porque es difícil darse cuenta de que en septiembre no tendremos que volver, y es difícil también, despedirse de una casa, de nuestro hogar, porque se sabe que aunque lo siga siendo ya nada volverá a ser como antes.

Y es que hay que ver… En estas paredes están escritas todas nuestras historias, las cuales no podemos explicar. Nuestra alma se quedará aquí un tiempo. Mucho tiempo.

Nuestra piel no volverá a ser la misma que nos acompañaba y en nuestros huesos se quedan grabados infinidad de recuerdos y vivencias.

Esta noche nos vamos y el tiempo de pronto se para. Se congela.

Y como diría nuestro amigo Williams, este es, nuestro largo adiós.

Firmado Alumnos graduados 2017

Marta Etura

Cuando llegué a Madrid, desde mi Donosti natal, con 17 años había llegado a mis oídos que en la Escuela de Cristina Rota se hacía un espectáculo llamado ¨La Katarsis¨ (yo por aquel entonces ni siquiera sabía el significado de aquella palabra). Según había entendido era un espacio donde los alumnos podían poner en práctica sus creaciones ante un público que pagaba por verles, por lo que pensé que esto, generaría una exigencia artistica que permitiría desarrollar y agudizar el talento del alumno. Me pareció una gran idea y muy práctica; siempre he creído que la práctica es una parte fundamental de aprendizaje. Hasta aquí todo era pura información y pensamientos pero el primer día que fui a ver La Katarsis....

Dejé la calle Dr. Fourquet, crucé una corrala oscura y llegué a un patio reinado por una hermosa higuera, los desordenados adoquines sujetaban decenas de plantas y entre estas podías adivinar las puertas que asomaban en las paredes (más tarde descubriría que esas eran las aulas) Ahí en ese mágico lugar, cuando comenzabas a respirar una atmósfera hechicera, aparecían como salidos de la nada diversos personajes, ahí empezaba la Katarsis. Ya estaban todos actuando, cada cual tenía su indumentaria, su actitud, su conflicto, su objetivo... elementos, que más tarde comprendería, fundamentales en la interpretación. Ese patio era la antesala, donde actores y público se preparaban y ambientaban para el espectáculo. Me llamó poderosamente la atención como todos, jóvenes, adultos, mayores, hombres, mujeres, de distintas procedencias, ideologías y cultura olvidaban su realidad y se dejaban llevar gozosamente por la magia del ambiente, como todos entraban en el juego propuesto... en ese patio comenzabas a adentrarte en un mundo mágico, lúdico y sin duda muy divertido.

Al dejar el patio para acceder a la sala, cruzabas por un pasillo en el que encontrabas una barra de bar, allí podías pedir tu bebida y entrar con ella en la sala, por aquel entonces incluso estaba permitido fumar, lo que daba al ambiente un aspecto más cabaretero, si cabía.

Todavía recuerdo la entrada a la sala, en aquella atmósfera los personajes que ya conocíamos del patio, adquirían otra dimensión. Cada uno se colocaba donde veía hueco; todo destilaba una especie de anarquía mágica y antes de que diera tiempo a preguntarte nada, comenzaba el espectáculo. Recuerdo perfectamente el número de apertura, el cual bailaría años más tarde y que ahora me vienen a la memoria su imagen, las luces, la letra de bienvenida, la coreografía, las emociones...tantas emociones. No recuerdo mucho más de la Katarsis como espectadora, a partir de aquí se mezclan mis recuerdos y salto sin querer al escenario donde tanto disfruté, aprendí, reí, lloré, me conmoví y emocioné durante tres años. Guardo miles de recuerdos maravillosos no sólo como alumna, allí crecí, me enamoré y conocí a los que son hoy grandes amigos.

Ahora que este relato me conduce a mis recuerdos además de conmoverme profundamente, siento una gran satisfacción por haber formado parte de aquello, por haber formado parte de un espectáculo que mezclaba la creación y el aprendizaje, el talento y la capacidad de crítica... un espectáculo donde público y actores se divertían enormemente y daban rienda suelta a su lado más lúdico, donde se fusionaban... el público interactuaba, participaba y valoraba: a cada espectador se le entregaba uno o varios tomates como herramienta para estimar el sketch pero todos los que formábamos parte de la Katarsis sabíamos que siempre caerían tomates y seríamos capaces de estimar la calidad del sketch por la cantidad de tomates arrojados ya que el público disfrutaba enormemente lanzándolos, siempre los lanzaban, era una tentación demasiado fuerte para abstenerla y eso formaba parte del juego; ahí en esas cuatro paredes todos encontramos un espacio en el que liberar nuestra parte más primitiva y lúdica, nuestros deseos y fantasías.

Había todo tipo de sketches, sobre todo musicales, los vi magistrales, divertidos, conmovedores, catárticos y porque no decirlo, mediocres y malos, allí todo tenía cabida, los alumnos libraban su creatividad, su katarsis, su talento y su aprendizaje y por lo tanto había tantos sketches y calidades como alumnos en la escuela.

Sin duda su nombre le hacía justicia, katarsis: purificación, liberación o transformación interior suscitados por una experiencia... eso era ¨La Katarsis¨, un lugar donde purificabas tus estigmas y liberabas tus deseos, donde aprendías a saber entrar y salir a un escenario, a perder el miedo al público, a saber donde colocar las cosas para el siguiente sketch, a saber como funcionaba un espectáculo, a respetar a tu compañero, ayudarle y aprender de él, a vestirte y desvestirte en el tiempo que tenías, a maquillarte, a agudizar el ingenio a la hora de encontrar tu vestuario y tu decorado, un lugar donde aprendí infinidad de cosas que sólo sería capaz de apreciar años más tarde cuando mi trabajo me exigiese esa enseñanza.

Tuve la inmensa suerte de coincidir con grandes profesionales como Pedro Berdayes, Mónica Runde, Chevi Muraday, Ana Rayo, Concha Delgado y me siento enormemente agradecida por todo lo que aprendí en aquel teatro, en aquel espectáculo, de mis compañeros, de los profesores y egresados que aportaban su conocimiento y experiencia y por supuesto de su creadora y directora Cristina Rota, una vez más: ¡Bravo Cristina!.

MARTA ETURA

Carmen Ruiz

Al igual que en la vida, en el teatro el error te hace crecer y durante cuatro años tuve la oportunidad de enfrentarme al público, cada fin de semana, en un espectáculo en el que equivocarse estaba y aún está permitido.

Recuerdo la primera vez que actué en La Katarsis como si fuera ayer... A punto de salir a escena... murmullos... me quería morir... el telón azul de plástico preparado... y el gran ROCOLO oficiaba como presentador katártico... sentía como si el corazón se me fuera a salir del pecho... de pronto me encontré con la mirada de un público que ocupaba todas las butacas e incluso las escaleras... Y ahí estaba yo, nerviosa, intentando disfrutar junto al público que esperaba ansioso el momento de ... ¡¡¡APLAUSO O TOMATAZO!!! Y llegó. Y me aplaudieron y tomatearon y me sentí feliz.

Cada fin de semana me enfrentaba a un nuevo reto acompañada por personas de las que aprendí y de las que aún sigo aprendiendo, porque no son sólo un recuerdo; forman parte de mi vida y son grandes amigos. Durante aquellos cuatro años tuve la oportunidad de trabajar con compañeros de diferentes promociones. Esta etapa de formación, intensa y enriquecedora, supuso una gran experiencia para cada uno de nosotros e hizo que nuestro respeto al teatro, a los espectadores y al trabajo en equipo creciese día a día. Fue muy importante ver cómo lo que iba aprendiendo en clase con mis maestros alimentaba mi trabajo en La Katarsis y viceversa, a pesar de ser espacios distintos con códigos diferentes.

ATENTION, ONE, LA DIVA, TIME WARP, FASHION VICTIM, EL PAELLÓN, LA ACTRIZ DE REPARTO, VOLANDO VOY, EL ANTOÑITO Y LA LOLI, ROCOLO, JAUME, NOSFERATU Y NOSFERATA, EULALIA Y FRAN, EL MAESTRO Y EL BOQUERÓN, AMANECER ESTERTÉREO, FOOTING, BENITA FRANKLIN... son una pequeñísima muestra de los números y personajes con los que conviví en mi etapa en La Katarsis. Recordarlos siempre arranca en mi una sonrisa.

Aquellos años fueron el comienzo de mi formación y mis inicios como actriz en esta carrera de fondo que es la interpretación.

¡¡¡¡¡FELICIDADES!!!!!

CARMEN RUÍZ

De nuestra parte solo resta decir gracias a Roberto Álamo, Marta Hazas, Alex García, Carmen Ruiz, Nathalie Poza, Secun de la Rosa, Natalia Mateo, Marta Etura, Goya Toledo por estas cálidas palabras y a todos los alumnos que han pasado por nuestras aulas permitiéndonos seguir transitando caminos creativos de la mano.

Escuela de Interpretacion Cristina Rota

Nuestra escuela, en más de tres décadas de vida ha participado en la producción de tres películas y más de 40 montajes teatrales, junto a alumnos y alumnas recién tituladas o en los últimos cursos, suponiendo un trampolín en su carrera profesional.

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Nuestro agradecimiento por las imágenes aportadas a: marcosGpunto, Jean Pierre Ledos, Alfonso Postigo y Jael Levi