• Escuela de interpretacion Cristina Rota

    APASIÓNATE, EXPLORA, CREA

    EN ESTE TU PROYECTO

    Somos y queremos ser el espacio de conocimiento, de enseñanza y de libertad en el que podrás desarrollar tus inquietudes y aptitudes.

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    Producciones y Fundacion Cristina Rota
  • La escuela es tuya

    UNA MANERA REVOLUCIONARIA DE RECUPERAR

    EL UNIVERSO DE LOS SENTIDOS

    No pierdas la oportunidad de pertenecer a éste excitante proyecto que te ofrece la Escuela de Interpretación de Cristina Rota.

     

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    Producciones y Fundacion Cristina Rota
  • La escuela es tuya

    EN LOS JÓVENES ESTÁ GARANTIZADO

    EL FUTURO DEL ARTE

    Cuando la pasión por la creación de una obra de arte está conducida hacia un acto colectivo, el camino hacia la transformación y la belleza, hacia el contenido y la forma, no tiene límite.

     

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    Producciones y Fundacion Cristina Rota
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    ESCUELA DE INTERPRETACIÓN

    CRISTINA ROTA

    Un centro de formación pensado para ti.
    Creado para que lo llenes con tu dedicación y talento, tu esfuerzo y disfrute.

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    Producciones y Fundacion Cristina Rota

bienvenidas y bienvenidos

¿Quieres ser actor?

escuela cristina rota

Queremos transferir nuestra experiencia e invitarte a este desafío, ya que la vida en el arte creativo no es una profesión, es una vocación. Es una llamada, una imprescindible necesidad de agitar, movilizar, mejorar, elevar, dinamizar con pensamiento, concepto, coraje y pasión. Si tú la tienes, esperamos recibirte en este excitante proyecto.

Cristina Rota
Escuela de Teatro Cristina Rota

Formando a los mejores actores de nuestro país

desde 1979

Fundamentar la enseñanza / aprendizaje en las posibilidades de los alumnos de discutir, emitir opiniones en sus aportes críticos y en su autocrítica, estar presente en el establecimiento de las normas; y los profesores colaborando y acompañando ese proceso de crecimiento.

marta etura

Historia

más que una escuela de teatro

El consolidado y riguroso proyecto de la Escuela de Interpretación Cristina Rota se funda en 1979. Con un programa formativo de cuatro años de duración, en más de tres décadas de vida nuestros cursos y seminarios han convocado a más de 10000 estudiantes, titulándose una media de 40 personas por año, entre los cuales se encuentran nombres bien conocidos del panorama teatral y cinematográfico de nuestro país.

La Escuela de Interpretación Cristina Rota colabora y se nutre artísticamente junto a: la Sala Mirador, Producciones Cristina Rota (PCR) y la Fundación Centro de Nuevos Creadores.



    APASIÓNATE, EXPLORA, CREA.

  • Porque la pasión por la creación no tiene límites.
  • Porque la escuela la termináis vosotros, no es un espacio acabado.
  • Porque SOMOS ACTORES
https://youtu.be/1lbW2EK5FeA
  • plan de estudios

    curso regular

    Somos y queremos ser el espacio de conocimiento, de enseñanza y de libertad en el que podrás desarrollar tus inquietudes y aptitudes.
    Nuestra metodología descansa en la creencia de que la formación debe ir siempre ligada a una práctica y que una Escuela debe ser un espacio de oportunidades, de experimentación, guiando al alumno para encontrar su camino y su forma de expresión.
  • entre 12 y 17 años

    formación para adolescentes

    9 intensivos meses de formación para descubrir el actor que llevas dentro.
  • entre 4 y 7 - 8 y 11 años

    Desde 2014 ofrecemos también nuestra formación en Rivas Vaciamadrid

    ¡ La escuela se expande!


    Soñamos un espacio físico-educativo donde, con la participación activa de los niños y las niñas, encontremos la manera de crecer y canalizar su creatividad de una forma tanto individual como colectiva; de sentir emociones, descubrir las posibilidades de nuestro cuerpo, formar parte de un grupo y sentir que pertenecemos a él.
  • Danzando libres Madrid

    De octubre a mayo

    En la propuesta de estos talleres, los pequeños/as se descubren ante sí mismos y ante los y las demás, reforzando así la confianza y aprendiendo a respetarse.

Mas de 30 años de

producciones

Nuestras producciones de teatro han sido plataforma de lanzamiento de intérpretes, dramaturgos, directores y otros profesionales del sector de las artes escénicas que cuentan ya con una dilatada trayectoria.


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La Katarsis del tomatazo
2 DÉCADAS EN ESCENA


Todos los sábados a las 22:30 en la Sala Mirador

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Y el Goya a Mejor Actor Protagonista es para… Roberto Álamo

Y el Goya a Mejor Actor Protagonista es para… Roberto Álamo

04 Feb 2017

Nora Navas y Lluís Homar le hacen entrega al artista del Goya a Mejor Actor Protagonista a Roberto Álamo por su papel en Que Dios nos perdone. Muchas son las películas que lleva sobre sus espaldas, pero no fue hasta La gran familia española que el artista se alzó con un Premio Goya. Esta era su segunda nominación y con ella se lleva el premio gordo.


Emocionado y muy agradecido, Álamo muestra su agradecimiento a todo el equipo de la película así como a los demás nominados. “Se lo dedico a todos los actores de este país, a los que trabajan y a los que no, algún día nos encontraremos en un escenario y nos diremos las verdades. A Cristina Rota, todos mis trabajos llevan tu huella.

Cristina Rota: “La capacidad comunicativa es peligrosa para represores, para el sistema”

Cristina Rota: “La capacidad comunicativa es peligrosa para represores, para el sistema”

25 Ene 2016

Dentro del festival teatral Surge Madrid, una da las salas que destaca es la Mirador. Allí se representa la pieza ‘Decir sí’, una alegoría de cómo el dominante va restando margen de actuación al dominado. Cristina Rota (La Plata, Argentina, 1945) dirige una obra que califica como “muy a lo Pinter” y recibe a ‘El Asombrario’ para hablarnos de su trayectoria y de la relación entre el sistema y el teatro: “No hay que esperar a que el sistema te solucione, porque no te va a ayudar, no va a ayudar a nadie más que a sí mismo. A los poderosos”.

Para quien no la conozca la escuela de Cristina Rota parece primero un garaje y después un patio de luces. Las voces de los alumnos salen como de las paredes (¿cuántas han pasado por allí?) y sobrevuela la pregunta de cuántas vidas, cuántos personajes viven dentro de cada uno ellos. Al fondo un bar y la puerta del teatro.

Ante esas gradas se ha representado dentro de Surge Madrid Decir sí, un texto de la autora argentina Griselda Gambarro en el que el humor negro se despliega para mostrar al público cómo el dominado cede poco a poco ante el dominante con docilidad, aunque muchas veces sus palabras intenten demostrar lo contrario. La acción se desarrolla en una peluquería: a través del propietario de la misma y de una clienta. Cómo su directora explica este cuadro costumbrista nos ayuda a tomar distancia sobre la acción, a adaptarnos a ella sin prejuicios. Y sin embargo, de fondo, se nos está mostrando la docilidad de la sociedad ante el poder, cómo el ir cediendo poco a poco, el decir sí, nos conduce irremediablemente a la pérdida de unos derechos que ha costado siglos conseguir.

Cristina Rota lleva cerca de 40 años enseñando a los actores y actrices de nuestro país a ser independientes. Su despacho es tan funcional como ella, que coge la silla y se pone de lado de la mesa en que está su interlocutor “para hablar mejor, ¿no?”. Porque es eso lo que lleva toda la vida haciendo. Hablar con el público.

Desde hace unos años le habéis dado un reajuste a la línea de programación de la Sala Mirador.

Queremos ser más claros en la dramaturgia. Hay tal perversión en el lenguaje y los mensajes del sistema son tan contradictorios que se ha creado un clima de confusión en los últimos años. En este clima triunfa siempre la idea de que la mentalidad del dominado está infectada por el dominante. En cambio, nosotros, nuestra función social del arte, tiene que ser esa: la función social del arte. Para eso estamos, para la gente.

 

Esa corrección política no es de estos días, viene de hace muchos, muchos años. Hace unos 15 o 18 años, los mensajes empezaron a ser claramente de confusión. Cuando hay una pelea por saber si estás en un lado de la trinchera o en otro…, ¿dónde está el centro? Hay que saber muy bien qué es eso de estar en el centro porque cuando tenemos que definirnos hay que estar en un lado o en otro, y eso nos lo enseña la dramaturgia. No se puede escribir una obra de teatro donde el personaje no se defina. La dramaturgia es vencer o morir. Un dramaturgo tiene que tener siempre un deseo, tú tienes otro y tratamos de modificar el uno al otro, pero en esa lucha siempre uno queda modificado. Por eso al principio la línea de la sala empezó con un teatro más social, más comprometido. En ese momento hubo elecciones [1978] e iba a ganar un partido, todos lo teníamos claro, había una renuncia del partido gobernante. Entonces había que negociar, negociar por una subvención, negociar para que no te cerraran el teatro, para caer siempre simpático al poder. Esto es terrible, esto de ser recibido, bienvenido por el poder. Ahí empezamos a definirnos.

Tú nunca has querido depender del Estado, ¿lo has conseguido?

El Estado te puede crear, pero te puede destruir también. Yo he conseguido no depender del Estado. Vengo de una cultura donde, cuando yo tenía 10 años, se instauró una dictadura militar. Sé lo que es tratar de seguir manteniendo la coherencia y beber bajo el agua: instalas una obra en otro país y por lo tanto ya no te la pueden censurar. O la ambientas en otra época, como hacía Lorca, y así ayudas a la gente a tomar distancia y a verlo todo de otra forma, ayudas a que el mensaje penetre sin prejuicios. El Estado no nos va a dar nada porque nos odia. Aquí el teatro y el cine -sobre todo desde el “no a la guerra”- han sido muy atacados. Por lo tanto, más que nunca había que buscar cómo seguir creando sin depender del Estado. Por eso siempre llamé a nuestro teatro independiente, no alternativo, porque hay que intentar ser independiente. A mí el Estado no me regala nada, no me subvenciona. Trata a la cultura como si fuera un lastre.

 

Para el poder lo es, generalmente lo es. Tiene que ser así. Está bien, si la cultura no fuera crítica ni estuviera a alerta, si no estuviera comprometida con la realidad en que vive, si no empatizara con el que sufre o, como diría Lorca, con el animalito mínimo…, si no fuera así no estaría comprometida con los conflictos del alma humana y dejaría de ser cultura porque no estaría comprometida con la vida.

Quieres formar a tus alumnos en la autonomía, por eso no sólo enseñas artes escénicas, también gestión, pero a la vez lo orientas para que todo sea grupal. Puede parecer contradictorio.

Empecé a estudiar dinámica de grupo hace muchos años, cuando la izquierda de mi país era tajante y no se podía hermanar, aunque había grandes estudiosos que decían que sí. No hay contradicción: la dinámica de grupo significa que se discute todo. Se enseña al alumno a que se posicione y que vaya viendo gracias a los errores y a los aciertos con qué dinámica quiere crearse a sí mismo. No es fácil, pero se aprende de otra manera a ver al otro, a comprometerte, a empatizar. Cambia tu forma de ser en la vida.

Una escena de la obra 'Decir sí'.

Una escena de la obra ‘Decir sí’.

Dices que el actor lo es porque necesita rebelarse, ¿contra qué y con quién te rebelaste tú?

Es un largo proceso. Nosotros estábamos tan politizados en Argentina porque estaba el peronismo. De hecho, mi padre, que era muy conservador, se unió a este movimiento contradictorio y con tantos vaivenes. Yo nací en esa lucha y me creé en esa sociedad donde siempre había mucha discusión política, porque era una época donde estaba todo a punto de caer. Cuando tenía 10 años –con el golpe militar–  tuvimos que aprender a mentir, a compartimentarnos; mentíamos sobre nuestra clase social, aprendimos a pelearnos, a tirarnos de los pelos por discusiones políticas, nos decíamos “si tú eres reaccionaria”, “si tú eres hija de un militar…”.

A esa edad cada una repetiría lo que viera en casa…

Claro, pero sin embargo yo, y no sé por qué, veía de forma crítica el peronismo, cuando en mi casa… Era tan crítica que con 11 años me uní a un movimiento que asistía a las gentes en las villas miseria. Por lo tanto, a los 11 años militaba sin saberlo. Cuando entré al primer año del bachillerato ya discutía si la enseñanza tenía que ser laica o libre. Y venían los sindicalistas al colegio a explicarnos esto, gente muy preparada y bastante clandestina. Era otra implicación. A los 16 acabé música, pero a los 12 ya quería ser actriz. Sentía que tenía que decir algo, sentía una especie de complejo de Jesucristo, de que tenía que salvar el mundo y el teatro era una vía. El teatro estaba dentro de la universidad, con lo cual a nosotros se nos daba la oportunidad de saber lo que era el teatro profesional ya desde los 14 años. Teníamos difusión profesional, lo que quiere decir que iba en serio. Teníamos profesores universitarios, una educación extraordinaria, muy humanista, por lo tanto a mí la vocación me nació al conocer qué era eso. Y ahí quise formarme como directora y dramaturga.

Aún a día de hoy, ¿la profesión está satanizada?

Sí. El actor es un ser político, tiene un significante que ve mucha gente, que tiene cuerpo y palabra. Va mucho más allá de la obra que esté haciendo. Su cuerpo, si revela libertad, si revela vivencia, si su palabra revela que está en la vida ya es un significante importante. Con lo cual, para las fuerzas represivas es un peligro, la sensualidad es un peligro… La empatía y la capacidad comunicativa es peligrosa para represores, para sistemas. No hablo de gobiernos, hablo de sistemas.

¿Cuál ha sido la vez que más te ha costado decir que no?

Es más perverso el proceso. Uno siempre dice que no. Decirlo, pero el tema no es decir, es actuar. El ser humano no se define por lo que dice sino por lo que hace y dice, por lo que siente. A lo mejor he dicho que no muchas veces, pero me he dado cuenta de que me iba pervirtiendo para hacer lo que el Estado señala, para ser el bueno. Es muy difícil cuando un sistema te dice que eres el malo, porque no te quieres instalar en eso, es como que te digan que eres pobre, nadie quiere serlo. Por eso se deja infectar por la mentalidad del dominante, y a lo mejor encuentras una persona defendiendo unos valores que no son los suyos porque nadie quiere ser el malo.

En tu escuela se practica ‘la catarsis del tomatazo’ como una vuelta a los orígenes, ¿cuándo la has sufrido en tu propia piel?

He sufrido tantos, tantos, muchos… Estoy convencida de que uno aprende mucho de los errores. El sistema lo llama fracasos, pero yo creo que fracasar es no enterarte, no tener contradicciones. Si no las tienes, serás una persona realmente radical. Se aprende tanto de los errores, y yo me he equivocado tanto…, pero porque hago. Yo creo que la acción provoca acción: es como una acción política. Cuando yo era joven decía: “Este error lo podemos absorber, podemos darle la vuelta a esto”, y eso lo aplico mucho a mi vida. Lo miras y dices: “me equivoqué en esto, en aquello, en lo otro, tuve desviaciones…”. Y creces.

¿Qué es más difícil de gestionar: el fracaso o el éxito?

Pues más difícil es el éxito, yo tengo más problema… Pero porque me han dicho que tenía miedo al éxito. Y es verdad, porque a lo largo de mi vida he vivido el éxito con cierta culpa. Y culpa es una palabra terrible, tanto como difícil para mí tener éxito. Difícil porque me siento egoísta y se me vienen todos los fantasmas de toda la gente a la que le faltan cosas, que no triunfan en el sentido social de la palabra. Por eso me he mantenido casi siempre fuera de la oficialidad en el teatro. Siempre he tendido a lo under, yo creo que es una forma de defenderme, de protegerme de los egos.

Ahora que hablas de lo ‘hundir’, hay en Madrid una eclosión de teatro ‘underground’, conocida como ‘off’, ¿qué piensas de esto?

Me parece que es lo que debiera ser. Está muy bien que el Estado apoye los macroproyectos porque tiene que estar ahí, pero el germen de vanguardia nace en los teatros libres e independientes, porque es ahí donde tú exploras, experimentas, investigas… El teatro y la danza contemporánea que se gestaron en teatros independientes ya se oficializó, y entonces llega una cosa medio híbrida al teatro oficial que es lo que oficialmente se debe ver.

El sistema acaba siempre por absorber…

Claro que sí, tú eres un líder, te quitas la corbata y el sistema te dice: ”Es bueno, se quita la corbata”. Los grandes dramaturgos han surgido siempre de los movimientos independientes porque ahí tienen la oportunidad de investigar. Estos grupos que siempre salen en tiempo de crisis tienen un periodo de creación maravilloso. En cambio, los periodos de mucho dinero, como pasó en España, donde todo era dinero y dinero y dinero, no son una época creativa, porque te acomodas.

Se ha hablado mucho del caso de los titiriteros.

Me parece una payasada, y lo digo porque no soy político. Me parece que se están buscando chivos expiatorios, que se está buscando atacar lo inatacable. Hubo un error en ver para qué público estaba destinado. Eso me puede pasar a mí aquí: de pronto me equivoco o alguien se despista. Ha funcionado mal el Ayuntamiento o seguramente el gestor que contrató se equivocó respecto al público. Pero más que eso…, se tergiversó todo, la prensa tiene esa capacidad de decir lo que el Estado quiera. No me pareció apología de nada. Alberto San Juan pasó la obra en el Teatro del Barrio para que la viera la gente de la prensa  y ahí me acabé de enterar: eso estaba justificado por varios motivos y aun así no la podían ver niños. Pero llevarlos a la cárcel cuando hay tanto corrupto, tanto sinvergüenza, tanto mentiroso… Se sigue usando a ETA cuando las patatas queman. Me parece ilegítimo e inmoral, porque ahí sí hay que pensar en cuánto sufrimiento se generó.

¿Qué te falta por aprender?

Hasta que me muera, tanto… Uno muere inacabado, lamentablemente la vida es así. Pero por otro lado, si no tuviéramos tanto que aprender para estar a alerta, alerta, alerta y ver la vida… pensaríamos más sobre la muerte. En este momento, la manera más revolucionaria de trabajar primero es vivir. También hacer, hacer y crear, y no esperar a que el sistema te solucione, porque no te va a ayudar en estos momentos. No va a ayudar a nadie más que a sí mismo. A los poderosos.

 

Juan Diego Botto: “Escribí la obra para mi hermana María”

Juan Diego Botto: “Escribí la obra para mi hermana María”

12 Nov 2015

En La Ventana hemos abierto el telón de la radio para conversar con Juan Diego Botto, María Botto y Cristina Rota. Hijo, hija y madre unidos por una obra, "Entre tu deseo y el mío", de la que Juan es el autor, María al protagonista y Cristina la directora.

Se puede ver en la Sala Mirador en Madrid y la novedad es que participa toda la familia Botto-Rota.

Una obra que empieza cuando una mujer recuerda, ya decidida a acabar con su vida, los episodios más decisivos de su existencia, marcada por una madre obsesionada con el éxito de su hija.

Es una reflexión sobre el triunfo y sus efectos secundarios. De la invisibilidad y del éxito. De lo que supone ser alguien o no ser nada. También de los sueños y de todas las promesas que uno se hace a sí mismo mientras se hace mayor.

En La Ventana hemos abierto el telón de la radio para conversar con Juan Diego Botto, María Botto y Cristina Rota. Hijo, hija y madre unidos por una obra, "Entre tu deseo y el mío", de la que Juan es el autor, María al protagonista y Cristina la directora. 

 

Cristina Rota nota en sus alumnos de hoy más pasión y madurez

Cristina Rota nota en sus alumnos de hoy más pasión y madurez

05 Jul 2015

Después de más de tres décadas volcada en la enseñanza teatral, Cristina Rota, mentora de actores y actrices como Antonio de la Torre o Penélope Cruz, afirma que en sus alumnos de hoy nota más que nunca una "pasión" y una "madurez" porque la situación social les empuja a sentir "que pueden cambiar algo".

"Se ha dado un movimiento social donde todo el mundo siente que puede cambiar o aportar algo, y eso es lo que veo en la gente joven, sobre todo en las tres últimas generaciones de alumnos", ha explicado Rota (La Plata, Argentina 1945) en una entrevista con Efe.

Así, la actriz, directora de escena, productora y maestra de actores, ha encontrado en sus últimos estudiantes una "pulsión" especial que les empuja a sentir que "son un eslabón importante de la sociedad" y, por ello, son capaces de "hacer algo", como formar una cooperativa o una asociación cultural.

"Aunque lo que está claro es que en el ámbito de la cultura no hay mucha esperanza de trabajo, es difícil todavía, y parece que va a serlo por mucho tiempo", ha matizado.

Por su escuela han pasado actores consagrados como Raúl Arévalo, José Coronado, Ernesto y Malena Alterio, Marta Etura o Alberto San Juan, y, tras ellos, siguen llegando a sus aulas decenas de jóvenes que sueñan con seguir el mismo camino que aquellos que, ya con una carrera consolidada, cuentan que vienen de la escuela "de la Rota".

"Este año ha sido de los niveles más altos que ha tenido la escuela nunca, tanto de los alumnos de tercero como de los recién titulados. Han mostrado un alto nivel de compromiso y responsabilidad", ha expresado.

Un "compromiso" que ha crecido en los últimos cuatro años, según Rota, y que le ha hecho ver un cambio notable en el interés por conocer de sus alumnos, que ahora "leen muchísimo más".

Una de las últimas muestras del trabajo de Rota con sus alumnos, y ex-alumnos, es la película "Hablar" (2015), una cinta que promovió la argentina junto a sus hijos Juan Diego y María Botto y Nur Al Levi, además del cineasta Joaquín Oristrell, como experiencia interpretativa.

"Fue una experiencia extraordinaria porque nos reencontramos con todos nuestros actores. Algunos hacía 25 años que se habían titulado", ha contado sobre la película, rodada en un solo plano secuencia que sucede en Lavapiés y que cuenta en su reparto con intérpretes como Arévalo, de la Torre, Melani Olivares o sus propios hijos, así como algunos estudiantes de su escuela.

La película, "una gran clase magistral" para sus estudiantes y "un trabajo entre el cine y el teatro", inauguró el Festival de Málaga y sigue en cartel después de su estreno el pasado 17 de abril. 

Hablando se desentiende la gente

Hablando se desentiende la gente

17 Jun 2015

No es la primera vez que Joaquín Oristrell (Barcelona, 1958) y Cristina Rota (La Plata, Argentina, 1945) colaboran en el cine. En 2001, el primero, reputado guionista y director, ilustró -en ficción- la vida de la escuela de interpretación de la segunda -la sala Mirador- en la película Sin vergüenza, en la que aparecían por primera vez actores como Marta Etura, Nur Al Levi (hija de Rota), Cecilia Freire, Raúl Jiménez y Dani Martín, intérprete incipiente antes que cantante de El canto del loco. Más tarde repitieron en Los abajos firmantes (2003). Siguieron hablando y viéndose, comentado la actualidad de vez en cuando. Hoy, uno dirige, otra produce y ambos cofirman el guion de Hablar.

Joaquín Oristrell. Yo siempre digo que cuando estoy con una ataque depresivo, vengo a la sala Mirador a por oxígeno [risas]. Desde que conocí a Juan [Diego Botto, hijo de Rota] en el rodaje de Novios] empecé a entrar en este mundo de nuevos creadores. Es cuando me presentaron a Cristina, con quien ya había trabajado antes en la serie Gatos en el tejado sin que ambos lo supiéramos.

Cristina Rota. Tú viniste con una idea, que giraba alrededor del verbo ser en latín, sobre qué pasaba con el que daba clases, escribía guiones y tenía que guardar una distancia con lo que siente y contener a ese elemento en ebullición que son los actores.

 

J. O. Estuve tres meses viniendo a clases. Y fue muy bien. Después llegó Juan con su impulso para Los abajos firmantes, que quería se basara con La comedia sin título, de Lorca, con los elementos de aquel momento del No a la guerra. Y tiempo después empezamos un seminario bautizado como Hablar, en el que aparecían muchos actores porque el elemento de unión era un programa de radio que recibía llamadas de los oyentes...

C. R. El centro siempre ha estado girando sobre el teatro. Es un espacio pedagógico, con ganas de experimentación. Tras Sin vergüenza pensamos en una versión teatral. En Los abajo firmantes pensamos en hacerla en teatro y rodar la obra y las reacciones del público. En realidad solemos arrancar por otra idea. Y uno aporta algo, otro la cambia, un tercero la redirige...

J. O. Por eso es tan difícil otorgarle luego autor a las ideas. De todos aquellos monólogos telefónicos para el programa de radio, en el rodaje de Hablar solo ha sobrevivido el de Nur.

Hablar se rodó el pasado verano en un fin de semana en Madrid. Se programaron dos filmaciones el sábado y otros dos el domingo. Todo, para intentar que una de las secuencias valiera, porque el reto era filmar la historia del tirón. La cámara no se está quieta, sino que la acción y los personajes van entrando y saliendo en el medio kilómetro que separan la salida de la estación de metro de Lavapiés con la sala Mirador -es cierto que el camino es más corto que el elegido cinematográficamente-. Y por ahí pasean Mercedes Sampietro, Nur Al Levi, Raúl Arévalo, Antonio de la Torre, María Botto, Marta Etura, Melanie Olivares, Sergio Peris-Mencheta, Estefanía de los Santos, Astrid Jones, Miguel Ángel Muñoz, Carmen Balagué, Secun de la Rosa, Juan Diego Botto o Álex García, para llegar a un final en la sala capitaneado por Juan Margallo y Petra Martínez.

A Oristrell la primera toma del domingo ya le pareció buena, más aún con la caída de la luz en el atardecer de agosto... Pero finalmente en cines se ha estrenado la última, la cuarta.

J. O. Movimos el proyecto por distintas televisiones. No cuajó. Hasta que un día, un año antes del rodaje, le dije a Cristina que esto tenía que hacerse de forma muy especial. "Para reunir a toda esta gente hay que hacerlo en una semana y filmarlo en un plano secuencia".

C. R. Yo me apunto a un bombardeo. Dije que sí, pero a continuación me planteé si se podía hacer. Porque la organización es muy complicada, necesitas un presupuesto que no teníamos. Empezaron a llamar Juan, María y Nur [sus hijos]. Yo ayudé en lo que pude porque para llamar actores yo no soy muy ummmm [el sonido deja muy claro que no es lo suyo]. Ellos lograron entusiasmar a los compañeros. Algunos no pudieron estar porque estaban rodando, por suerte para ellos. Que si no, habría habido más intérpretes.

Una de las actrices que no pudieron estar pero insistieron mucho en participar fue Goya Toledo. Finalmente su participación aparece como un anuncio en una televisión en el escaparate de una tienda.

J. O. A los actores les dijimos: "Vamos a hacer una foto de la España de hoy. ¿Tú de qué quieres hablar?". Cada uno venía un tema, casi una palabra. Nur y Juan estuvieron trabajando con los actores.

C. R. Aquello iba lento hasta que pusimos una fecha, y empezamos yo en Madrid y Joaquín en Barcelona a concretar las improvisaciones.

J. O. Finalmente la última semana nos metimos en el teatro a pulir, a planificar y cerrar la estructura de lo contado para ordenar la entrada y salida de los personajes, para que enganchara al público, para encadenar elementos cómicos y dramáticos.

C. R. Les pedimos que fueran muy concretos en su tema, que decidieran qué les molesta en la sociedad actual, de qué teníamos que hablar que a ellos les importase. Eso dio muy buen resultado porque así se apasionaron.


C. R. La perversión, la corrupción, siempre viene de arriba a abajo. Viene desde los gobiernos, del Estado... Todo va hacia abajo, creo la confusión, pervierto el lenguaje... Es como una gangrena.J. O. En la película mostramos momentos en que triunfa la perversión del lenguaje, otros de puro sofismo, otros en los que aparece algo tan español como hablar y no escuchar (como en el personaje de Marta Etura). Se habla de muchas cosas... Tras las elecciones, he meditado mucho sobre eso. Toda esa gente náufraga, que vive un momento de estupefacción, que se siente huérfana ante el robo constante e indiscriminado o la privatización de la sanidad -digo como ejemplos-, ha hablado en las elecciones. Ya está pasando. En la película mostramos a esas personas náufragas en el Titanic Lavapiés.

J. O. En la película contamos cómo al final todo se da por sentado, y de ahí el personaje del loco, el conspirador, que da una nueva visión. Fíjate qué personaje no habla, el que calla: la política corrupta [Mercedes Sampietro]. No hay nada inocente en esta película... Bueno, ni en ninguna.

C. R. Ahora bien, de abajo arriba surge un movimiento que lucha contra ello, sano, que automáticamente ve cómo su terminología es absorbida por otros partidos. Han pervertido términos como transparencia, cambio... así acallan tu rebelión. Se llama des-significación del lenguaje. Apenas lanzas tu propuesta, ellos la absorben, la des-significan.

Fuente:  El País

Escuela de Interpretacion Cristina Rota

Nuestra escuela, en más de tres décadas de vida hemos participado en la producción de tres películas y más de 40 montajes teatrales, junto a alumnos y alumnas recién tituladas o en los últimos cursos, suponiendo un trampolín en su carrera profesional.

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