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Entrevistas

Hablando se desentiende la gente

No es la primera vez que Joaquín Oristrell (Barcelona, 1958) y Cristina Rota (La Plata, Argentina, 1945) colaboran en el cine. En 2001, el primero, reputado guionista y director, ilustró -en ficción- la vida de la escuela de interpretación de la segunda -la sala Mirador- en la película Sin vergüenza, en la que aparecían por primera vez actores como Marta Etura, Nur Al Levi (hija de Rota), Cecilia Freire, Raúl Jiménez y Dani Martín, intérprete incipiente antes que cantante de El canto del loco. Más tarde repitieron en Los abajos firmantes (2003). Siguieron hablando y viéndose, comentado la actualidad de vez en cuando. Hoy, uno dirige, otra produce y ambos cofirman el guion de Hablar.

Joaquín Oristrell. Yo siempre digo que cuando estoy con una ataque depresivo, vengo a la sala Mirador a por oxígeno [risas]. Desde que conocí a Juan [Diego Botto, hijo de Rota] en el rodaje de Novios] empecé a entrar en este mundo de nuevos creadores. Es cuando me presentaron a Cristina, con quien ya había trabajado antes en la serie Gatos en el tejado sin que ambos lo supiéramos.

Cristina Rota. Tú viniste con una idea, que giraba alrededor del verbo ser en latín, sobre qué pasaba con el que daba clases, escribía guiones y tenía que guardar una distancia con lo que siente y contener a ese elemento en ebullición que son los actores.

 

J. O. Estuve tres meses viniendo a clases. Y fue muy bien. Después llegó Juan con su impulso para Los abajos firmantes, que quería se basara con La comedia sin título, de Lorca, con los elementos de aquel momento del No a la guerra. Y tiempo después empezamos un seminario bautizado como Hablar, en el que aparecían muchos actores porque el elemento de unión era un programa de radio que recibía llamadas de los oyentes...

C. R. El centro siempre ha estado girando sobre el teatro. Es un espacio pedagógico, con ganas de experimentación. Tras Sin vergüenza pensamos en una versión teatral. En Los abajo firmantes pensamos en hacerla en teatro y rodar la obra y las reacciones del público. En realidad solemos arrancar por otra idea. Y uno aporta algo, otro la cambia, un tercero la redirige...

J. O. Por eso es tan difícil otorgarle luego autor a las ideas. De todos aquellos monólogos telefónicos para el programa de radio, en el rodaje de Hablar solo ha sobrevivido el de Nur.

Hablar se rodó el pasado verano en un fin de semana en Madrid. Se programaron dos filmaciones el sábado y otros dos el domingo. Todo, para intentar que una de las secuencias valiera, porque el reto era filmar la historia del tirón. La cámara no se está quieta, sino que la acción y los personajes van entrando y saliendo en el medio kilómetro que separan la salida de la estación de metro de Lavapiés con la sala Mirador -es cierto que el camino es más corto que el elegido cinematográficamente-. Y por ahí pasean Mercedes Sampietro, Nur Al Levi, Raúl Arévalo, Antonio de la Torre, María Botto, Marta Etura, Melanie Olivares, Sergio Peris-Mencheta, Estefanía de los Santos, Astrid Jones, Miguel Ángel Muñoz, Carmen Balagué, Secun de la Rosa, Juan Diego Botto o Álex García, para llegar a un final en la sala capitaneado por Juan Margallo y Petra Martínez.

A Oristrell la primera toma del domingo ya le pareció buena, más aún con la caída de la luz en el atardecer de agosto... Pero finalmente en cines se ha estrenado la última, la cuarta.

J. O. Movimos el proyecto por distintas televisiones. No cuajó. Hasta que un día, un año antes del rodaje, le dije a Cristina que esto tenía que hacerse de forma muy especial. "Para reunir a toda esta gente hay que hacerlo en una semana y filmarlo en un plano secuencia".

C. R. Yo me apunto a un bombardeo. Dije que sí, pero a continuación me planteé si se podía hacer. Porque la organización es muy complicada, necesitas un presupuesto que no teníamos. Empezaron a llamar Juan, María y Nur [sus hijos]. Yo ayudé en lo que pude porque para llamar actores yo no soy muy ummmm [el sonido deja muy claro que no es lo suyo]. Ellos lograron entusiasmar a los compañeros. Algunos no pudieron estar porque estaban rodando, por suerte para ellos. Que si no, habría habido más intérpretes.

Una de las actrices que no pudieron estar pero insistieron mucho en participar fue Goya Toledo. Finalmente su participación aparece como un anuncio en una televisión en el escaparate de una tienda.

J. O. A los actores les dijimos: "Vamos a hacer una foto de la España de hoy. ¿Tú de qué quieres hablar?". Cada uno venía un tema, casi una palabra. Nur y Juan estuvieron trabajando con los actores.

C. R. Aquello iba lento hasta que pusimos una fecha, y empezamos yo en Madrid y Joaquín en Barcelona a concretar las improvisaciones.

J. O. Finalmente la última semana nos metimos en el teatro a pulir, a planificar y cerrar la estructura de lo contado para ordenar la entrada y salida de los personajes, para que enganchara al público, para encadenar elementos cómicos y dramáticos.

C. R. Les pedimos que fueran muy concretos en su tema, que decidieran qué les molesta en la sociedad actual, de qué teníamos que hablar que a ellos les importase. Eso dio muy buen resultado porque así se apasionaron.


C. R. La perversión, la corrupción, siempre viene de arriba a abajo. Viene desde los gobiernos, del Estado... Todo va hacia abajo, creo la confusión, pervierto el lenguaje... Es como una gangrena.J. O. En la película mostramos momentos en que triunfa la perversión del lenguaje, otros de puro sofismo, otros en los que aparece algo tan español como hablar y no escuchar (como en el personaje de Marta Etura). Se habla de muchas cosas... Tras las elecciones, he meditado mucho sobre eso. Toda esa gente náufraga, que vive un momento de estupefacción, que se siente huérfana ante el robo constante e indiscriminado o la privatización de la sanidad -digo como ejemplos-, ha hablado en las elecciones. Ya está pasando. En la película mostramos a esas personas náufragas en el Titanic Lavapiés.

J. O. En la película contamos cómo al final todo se da por sentado, y de ahí el personaje del loco, el conspirador, que da una nueva visión. Fíjate qué personaje no habla, el que calla: la política corrupta [Mercedes Sampietro]. No hay nada inocente en esta película... Bueno, ni en ninguna.

C. R. Ahora bien, de abajo arriba surge un movimiento que lucha contra ello, sano, que automáticamente ve cómo su terminología es absorbida por otros partidos. Han pervertido términos como transparencia, cambio... así acallan tu rebelión. Se llama des-significación del lenguaje. Apenas lanzas tu propuesta, ellos la absorben, la des-significan.

Fuente:  El País


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